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Lo fundamental para ganar en el juego de poker
no es sólamente el azar, sin embargo el azar personal puede
hacer que un jugador ligue un juego debajo de otro juego inmediatamente
superior. Por ejemplo: un full de ochos contra un full de nueves,
o viceversa, lo que determinará un fichaje en defensa de
ambos juegos cuyo resultado final está cantado a favor
del jugador que tenga en mano al mayor de los juegos si es que
los 2 llegan al final sin desertar del pozo. Este tipo de finales
son escasos pero suelen ocurrir, y es justamente que en este bajo
porcentaje el azar se tome como poco importante.
No es como en otros juegos que podemos acudir a cálculos
de probabilidades como la ruleta y los dados para esgrimir una
defensa del capital de juego, esto en el poker no funciona, pues
hace falta una gran dosis de psicología, ser buen observador
y por sobre todas las cosas el dominio de la propia personalidad
de uno como jugador.
Un buen juego en nuestras manos puede perder frente a un buen
farolero, o nosotros mismos podemos echarlo a perder por no saber
fichar, o por expresar a través de un gesto la calidad
de nuestra mano, por lo tanto conviene siempre mirar las cartas
con la misma indiferencia ya sean sean buenas o malas, para no
permitirnos expresiones de ningún tipo, ni faciales, ni
gesticulares que nos delaten, o sea, poner cara
de poker.
Estar atentos a lo mismo en los otros jugadores, se puede agregar
el tono de voz, el hablar antes de fichar, tocar las fichas antes
de hablar, todo sirve a la hora de evaluar con quien estamos enfrentados;
todo esto hace a que podamos tener una partida favorable o no,
luego vendrá el factor suerte, a favor o en contra.
Ante las rachas positivas (que no son eternas) debemos estar atentos
y lógicamente aprovecharlas al máximo.
Conclusión, el poker no tiene fórmula matemática,
ni nada parecido para resolver en segundos una decisión
de si o no; el ganador es una mezcla de todo lo mencionado anteriormente,
psicología, observación, y también audacia;
casi todo por partes iguales.
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